The Boys, un lado oscuro de los superhéroes.

The Boys es una adaptación de la serie de cómics homónima creada por el escritor Garth Ennis en compañía del dibujante Darick Robertson, que se extendió por 72 números a través de las editoriales Wildstorm y Dynamite Entertainment, y nace como una sátira por parte de sus creadores hacia la mitología superheroica.

Si en realidad existieran los superhéroes de Marvel suponemos que de alguna forma serían manejados por una gran corporación que se encargaría de su imagen, mercadería y presentaciones en eventos, además de que recibirían el tratamiento de celebridades porque su popularidad estaría por los cielos. Este es el mundo en el que transcurre The Boys, donde la corporación Vought se encarga de manejar a Los Siete, un grupo de superhéroes conformado por Vengador (Antony Starr), Queen Maeve (Dominique McElligott), Audaz (Jessie T. Usher), Translúcido (Alex Hassell), Black Noir (Nathan Mitchell) y The Deep (Chace Crawford). A ellos se une la novata Starlight (Erin Moriarty) luego de pasar por un proceso de casting ya que la corporación buscaba una nueva adición al equipo.

Esta serie se adapta de forma considerablemente diferente al cómic. Por un lado, en vez de retratar a los cómics como el repositorio de la propaganda de Vought, vemos cómo todo se centra en el reality TV tan cercano a la era de Trump. Por eso, en esta serie no se discuten tanto narrativas, sino la importancia de la imagen televisiva, de los guiones ocultos detrás de la mercadotecnia espontánea, de las falsas sonrisas y los eventos caritativos para evadir impuesto

Lo interesante de hacer una ficción histórica con superhéroes, es que se muestra la desproporción de las ideas de bondad que les prestamos a los encapuchados y se balconea cómo los escenarios que escogemos para ellos son, siempre, demasiado amables. En el mundo real, los héroes serían falibles, sexuales, brutales, abusivos y las presas de conglomerados corporativos avariciosos.

En ese aspecto, la serie funciona como una historia muy típica de, por ejemplo, ladrones juntando de nuevo a la banda para dar un gran golpe, o de soldados de una patrulla que vuelven a asumir una misión por los viejos tiempos. Lo que funciona en esta serie es la sátira capitalista (si alguien quiere trazar paralelismos con cómo funciona Marvel, salvando las distancias, podría hacerlo). Sus “supes” son despreciables y amorales, pero se siembran ciertos detalles de descontento en algunos de ellos que pueden dar juego más adelante, sobre todo teniendo en cuenta que Amazon la renovó por una segunda temporada antes de que se estrenara la primera

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